Este año no te he escrito un poema.

Este año no te he escrito un poema.


De hecho, no pensaba escribirte nada.


Porque cada poema, cada carta que te escribía, sentía que perdía su sentido después de cada traición, después de cada mentira.


Pero me he atrevido a escribirte un acto de fe.


Esto no es un perdón, ni una promesa de olvidar, porque hacerlo sería mentir.


Es una oportunidad, una pequeña rendija de luz en una habitación que durante mucho tiempo estuvo cerrada.


Es mi manera de intentar confiar otra vez en la vida, el amor y los hijos que podríamos tener.


Es mi manera de intentarlo con todas mis fuerzas, porque quiero esto más que nada.


A veces pienso en lo injusto que es que sea yo quien tenga que esforzarse, quien tenga que perdonar, olvidar, gestionar.


Intento apartar esos pensamientos y las emociones que traen consigo.


Sigo viendo todo lo que vi, sigo sintiendo el dolor, sigo mirando nuestro pasado con cierta amargura, manchado, lo veo sucio.


No te quiero mentir.


Pero también empiezo a ver el futuro.


Brillante.


Con nubes, con chaparrones, con alguna tormenta. 


Pero siempre brillante, con el sol detrás recordándome que todo pasa, que la luz siempre vuelve.


Este año he tenido que enfrentarme a cosas que creí lejanas, y en medio de todo eso, he ganado una nueva perspectiva.


He comprendido que todo cambia, todo el tiempo.


Nada es seguro, nada es inamovible.


Excepto nosotros.


Nosotros, que siempre hemos sido desde un 5 de noviembre de hace cinco años.


Nosotros, que seguimos aquí, intentando, cayendo, levantándonos.


Y quiero que siga siendo así, hasta que tú quieras, hasta que la vida nos deje.


Quiero que seamos eso que permanece, lo único que resiste, lo que no cambia.


Por eso este año no te he escrito un poema.


De hecho, no pensaba escribirte nada.


Pero lo he hecho porque no quiero que esto deje de existir, porque nosotros, a pesar de todo, seguimos siendo.


Por eso me he atrevido a escribirte un acto de fe.


Te quiero.